lunes, 11 de junio de 2012

Ortega y Gasset. Introducción a su pensamiento. Razón, vida e historia.


“La vida es el hecho fundamental que debe constituir el punto de partida de la filosofía […] La vida no puede ser llevada ante el tribunal de la razón”. W. Dilthey

         Antes de nada me gustaría indicar, como es costumbre en este blog, los motivos que me han impulsado a escribir esta entrada. Un joven "seguidor de Minerva" me pidió que le explicase el pensamiento de Ortega y Gasset ya que debe estudiarlo para la futura prueba de acceso universitario y que, por falta de tiempo, no ha podido estudiarlo en su centro educativo. En esta entrada expongo un resumen de lo que, en mi opinión, debería conocerse de este pensador para el nivel requerido. Como guía procedimental me he ayudado del manual de Historia de la Filosofía de Navarro Cordón y Tomás Calvo ya que considero que es el más completo adaptado al nivel que vamos a trabajar. Como en la actualidad se trata, al menos en Andalucía, desde la rama ontoepistémica. Nos centraremos únicamente en las cuestiones que tratan sobre el ser, la realidad, el conocimiento y el fundamento de estos conceptos. Obviando, por tanto, los elementos éticos y políticos que conforman el sistema de pensamiento de este genial madrileño. Así, trataré cuestiones como las de contemporaneidad, hombre masa o rebelión en futuras entradas con el fín de completar el sistema de pensamiento de Ortega. 

 Primero de tres vídeos de la serie de programas de televisión "Héroes del pensamiento" Presentada y dirigida por el filósofo español Fernando Savater dedicados a Ortega y Gasset.



Para enfrentarnos, de una manera ordenada, al pensamiento de Ortega y Gasset debemos responder a la pregunta ¿Qué es filosofía? El madrileño responde a esta cuestión enfrentándola al saber científico ya que este es el saber considerado más alto por su búsqueda de rigurosidad y resultados objetivos.


Afirma primero que la filosofía es un saber radical porque plantea los problemas últimos y primeros que afectan a la vida humana; "Radical" no hay que entenderlo con la connotación actual que le ha dado el neolenguaje político. Sino que se refiere a que el saber filosófico se sitúa a la raíz misma del asunto que trata, va a sus fundamentos últimos. Estos asuntos, por su amplitud y complejidad no tienen por qué contener una respuesta, no dan garantías de solución. De modo que no actúan igual que la ciencia ya que esta estudia cuestiones que son, a priori, solubles. La filosofía se centra en el preguntar y en el proceso de búsqueda y la ciencia en responder y obtener resultados. Estableciendo un símil zoológico, podríamos decir que mientras la filosofía trata con fieras salvajes, la ciencia lo hace con dóciles mascotas. La mayor diferencia con el saber científico es que el filosófico no busca la utilidad ni se centra en conocer lo que se nos presenta de un modo inmediato. Lo dado; esdecir, la realidad que nos rodea sin más, sería aquello que trata la ciencia. Este análisis de la realidad lo entiende Ortega como "pobre" y "fragmentario", entiende que la filosofía debe ser algo más ya que entiende que hay algo que subyace a esta realidad dada, la realidad auténtica. Aquella que dota al mundo de un sentido integrador y que dota a la realidad de significado. No debemos olvidar que la filoosfía en Grecia era considerada como la primera ciencia de la que manaban el resto de saberes.
Ya nos hemos acercado un poco mejor a la idea de filosofía, ahora debemos de hacerlo con su ejercicio propio, el filosofar. Ortega nos dice que esta acción no debe partir de supuestos ni creencias previas. Debe ser su propio guía y, para ello, establece el principio de autonomía en el que este no dependa de nadie y analice el mundo desde sí mismo. Pero esto no es suficiente ya que si sólo se refiere a sí, se queda de espaldas al mundo pensándose y repensándose a sí misma sin prestar atención a su misión primigenia, que es pensar la realidad y darle sentido. Por ello, debe de volverse al mundo y conocerlo. Esto es lo que Ortega llama pantonomía ó universalismo. La aspiración al conocimiento absoluto. Pero por esta aspiración de universalidad y de preguntarse cuestiones radicales que no permiten respuesta no debemos confundir la filosofía con saberes religiosos, místicos o pseudocientíficos.
Ortega nos muestra cómo la filosofía es un conocimiento teórico y que, como tal, en su desarrollo, utiliza y crea conceptos. Entendiendo estos como aquellas ideas que son dotadas de un sentido o significado único y universal gracias a los cuales se da la intersubjetividad. Da a la filosofía la rigurosidad que supuestamente es propiedad exclusiva de las ciencias. Por ello afirmamos sin miedo a errar que es logos. Pero, además es aletheia porque la filosofía, como ya hemos dicho, pretende conocer la realidad de un modo radical y para ello entiende que esta debe quitar el velo que la oculta a nuestros ojos. Vemos como la cuestión por el filosofar es, desde su misma esencia, ontológica y epistemológica.


Parte 2 de 3


Ya hemos definido la actitud de la filosofía y del quehacer filosófico, pero Ortega y Gasset va más allá ya que entiende que a lo largo de la historia del pensamiento se han dado dos posturas que, para sí, han asumido la tarea del filosofary que, además, han estado equivocadas porque no han entendido el auténtico propósito de esta actividad del pensar humano. Estas posturas son el realismo y el idealismo.  Así, el realismo ha dado lugar a una crisis de la razón porque se ha pretendido estudiar al ser humano y su existencia siguiendo el modelo de las ciencias físicas que buscan un conocimiento objetivo y unos cálculos mesurables y teorizables. La ciencia, en su actuar metodológico, ha pretendido buscar en el ser humano una naturaleza fija e inmutable. Lo ha tratado como un ente más de la naturaleza dando como el empobrecimiento de nuestras vidas. La ciencia ha obviado con sus cálculos nuestra existencia y nos ha rebajado al nivel del resto de elementos naturales cuando, en realidad, somos mucho más que un simple “saco de huesos y pelo” o, como diría Aristóteles, unos “mamíferos implumes”.
La alternativa a este planteamiento fue el idealista que abogaba por la existencia del espíritu, entendiendo este de un modo absoluto como lo hicieron Fichte o Hegel. El fallo ha estado en que han tratado a este espíritu desde la teoría centrándose en el carácter universal de este y no particular, en tanto en cuanto nosotros seríamos ese espíritu. Es decir, han intentado dar una definición cerrada, objetiva y universal de este cayendo, a su vez, en el error de los realistas ya que al buscar lo objetivo hacen que la vida, el mundo y mi propio ser se sitúen fuera de mi ya que yo soy pura subjetividad.  Para que entendamos esta idea pongamos un ejemplo; Al convertir en naturaleza objetivable podemos decir que todos los coches son máquinas de cuatro ruedas con volante pero mi coche es algo más que eso, porque cuando pienso en él me viene a la mente el esfuerzo que me ha costado comprarlo, los motivos por los que elegí el color y porqué me gustaba ese modelo en particular así como en los viajes que he hecho en él y la música que escucho en este. Es decir, toda la riqueza que tiene mi coche pretenden resumirla en la frase "máquina de cuatro ruedas con volante". Sí, en parte es verdad porque mi coche es así, pero también es mucho más y con la objetivación se pierde mucha riqueza, se pierde aquello que lo hace único y para Ortega esta es una cuestión muy importante, al igual que para las filosofías existencialistas que son de esta misma época, somos únicos e irrepetibles.

Ortega entiende que la esencia del ser humano no hay que buscarla en su naturaleza, ya sea física o espiritual, sino en su historia. Debemos superar la idea de realidades naturales objetivas e independientes a mí ser e intelecto ya que estas cobran únicamente valor cuando las observo, analizo y asimilo. Es decir, el mundo cobra valor y sentido cuando lo vivo. Así, todo depende, en último término, de la vida humana. Por tanto, la realidad última y radical es nuestra vida ya que es desde ella únicamente desde donde se da sentido a todo lo que nos rodea. Pero no se trata de “vida” en abstracto y general, se trata de vida particular y concreta; se trata de mi vida y de tu vida. Esta adquiere un sentido nuevo ya que va más allá de la concepción idealista y realista que son, como hemos visto, pobres. Se trata de enriquecerla y entender que es algo más que una sucesión de acontecimientos que nos ocurren entre el nacimiento y la muerte. Ahora la vida es fuente de sentido, es dadora de valores y significaciones a todas las realidades que nos rodean. Pero claro, al ser mi yo concreto el que da sentido a la realidad cada persona da su propio sentido a la realidad y habrán muchos sentidos distintos. ¿Cuál es mejor que otro? Ortega dirá que ninguno es mejor que otro. Todos son perspectivas y que ninguna debe pretender absolutivizar la realidad. Al contrario, debemos entender que todas son verdaderas y que la nuestra es tan válida como las demás. Es más, nos advierte que el mundo es pluralidad de perspectivas y que mejor conoceremos la realidad mientras más perspectivas tengamos y conectemos. Pensemos en una hormiga andando por la hoja de un libro, si le preguntamos qué es un libro nos dirá que es aquello que ve, unos símbolos negro sobre un fondo blanco y liso. Si tenemos otra hormiga más nos dirá lo que ve, con una tercera conoceremos más sobre la realidad, si situamos otra por debajo del libro nos dirá una cosa distinta al resto pero que amplia nuestro conocimiento sobre la realidad a observar. Así ocurrirá si tenemos otra fuera del libro viendo la escena, quizás subida a la lámpara del dormitorio. La pluralidad de perspectivas enriquece la realidad. -De esto, además, deducimos dos cosas; para Ortega y Gasset se cumple la máxima “la unión hace la fuerza” y que tenemos en el cuarto una plaga de hormigas-.  
Por tanto, el fundamento de la realidad es la perspectiva. Pero esta no se da de un modo aislado y autónomo sino que se da inscrita en un contexto al cual llamamos circunstancia. Es decir, un aquí y ahora donde estoy inserto. Este, utilizando un lenguaje cinematográfico, determina la escena donde ocurre la acción y que nos permite actuar.  La circunstancia, o contexto espacio temporal, dirige mi actuar pero no mi vida; es decir, yo no soy un mero espectador de lo que ocurre, mi papel en la vida no es pasivo como una marioneta que es movida por un titiritero. Mi papel es activo. Yo soy un proyecto que se hace constantemente y que me hago mientras vivo. Afirma este pensador “Yo soy yo y mis circunstancias”. Por ello la vida, como dijimos anteriormente, no es sólo aquello que nos ocurre entre que nacemos y morimos. Es algo más. Soy yo, es mi proyecto que con mi acción determina lo que me rodea dando sentido a la realidad misma.

Parte 3 de 3



Debemos responder ahora a una cuestión fundamental ¿Qué es la vida? que da lugar a otra no menos importante; ¿Cómo hay que vivir? Ortega  responde afirmando que la vida humana tiene unas características, o atributos exclusivos que la distinguen de la del resto de animales. Vivir, para el madrileño, antes de nada, es encontrarse en el mundo, rodeados de seres y cosas y, en el centro, mi propio ser, mi yo. Pero este estar en el mundo no es algo pasivo de lo que somos afectados constantemente. Somos activos y vivientes de una forma concreta, somos un proyecto y como tal tenemos metas que nosotros mismos establecemos, por lo que nuestro proyecto es un continuo hacerse que no está prefijado. Esto, significa, por un lado que se da en el tiempo y que la temporalidad es un elemento constitutivo de nuestras vidas. Somos tiempo y sobre todo, somos futuro. Por otro lado, el proyecto inacabado que es nuestra vida, nos da a entender que somos libres. Debemos matizar esta libertad ya que si, como dijimos anteriormente, nuestra circunstancia es lo que nos contextualizaba, nuestra libertad vendrá delimitada por esta y podríamos entender que no será total. Pero Ortega afirma que es precisamente gracias a nuestra circunstancia que podemos ejercer nuestra libertad y ser dueños de nuestra vida. Pongamos un ejemplo para entender la relación libertad-circunstancia. Jugando al futbol si nos hacen una falta dentro del área contraria es penalti [circunstancia] entonces yo puedo tirarlo o dejar a otro que lo tire. Si decido tirarlo puedo chutar fuerte o flojo, a la derecha o a la izquierda o al banderín de corner [libertad]. Es decir, mi acción se contextualiza y es dentro del contexto donde ejerzo mi libertad.

Ahora es el momento de abordar la última cuestión importante que es la de razón vital, ó raciovitalismo. Ortega y Gasset no está en contra de la razón (esto es absurdo, sería como negar los progresos de la medicina o de la mecánica y sus mejoras en nuestra calidad de vida), sino del racionalismo. Es decir, aquel que entiende que la razón es el elemento principal de nuestra existencia, colocando a la vida misma al margen de esta. La razón pura, paradójicamente, deviene irracionalidad porque hace que desaparezca todo fundamento y sentido de la realidad al pretender de esta sólo un frio cálculo y mesura. La razón debe unirse a la vida ya que, como hemos visto, es el sujeto el que entiende la realidad y este no es un ente abstracto, una idea innata o un concepto universal. Es un ser concreto y tempora. Si nosotros somos tiempo, la razón que salga de nosotros también ha de serlo y, por tanto, no se podrán dar conceptos eternos y cerrados que englobasen al mundo y a nuestra existencia al modo que pretendieron Sócrates, Platón o Descartes.

Para concluir con el planteamiento ontoepistémico orteguiano decir que si, como ya sabemos, no tenemos una naturaleza humana (humanitas) y que, como a lo largo del mismo origen del pensamiento se ha pretendido una visión naturalista del hombre este ha sido, hasta nuestros días, un desconocido. Pero no podemos pretender tampoco creer inocentemente que gracias a la unión de razón, vida e historia se resuelvan todos nuestros problemas fundamentales. Estas cuestiones van a ser siempre problemáticas y que debemos plantear constantemente ya que por la misma naturaleza de estas no pueden tener respuestas ni responder a esquemas prefijados ni eternos. La vida es un constante problema y la única forma de resolverlo y darle respuesta es viviendo.

Ortega y Gasset en la década de los 50. Foto tomada de http://es.wikipedia.org


Ahora podemos entender mejor porqué el pensamiento de Ortega parte del fenomenismo de Husserl pero se aparta pronto de este porque entiende que la filosofía y la vida son algo más y se acerca, de ese modo, al historicismo de Dilthey (por lo que su pensamiento más que hablar de épocas independientes me gusta verlo como el proceso de madurez intelectual natural de cualquier persona o pensador). A su vez, podemos entender porqué tras una lectura rápido de sus obras han pretendido acercar al al madrileño a las corrientes francesas existencialistas de Sartre (vista en una entrada anterior), Merleau-Ponty o Camus o, los más valientes a las posturas de Unamuno. Pero la libertad y la vida como elementos radicales del ser humanos que conforman su vida implican una responsabilidad y madurez más cercana a la perspectiva heideggeriana del dasein como ser-en-el-mundo que a la conciencia vacía que debe ser llenada para diferenciarse de la nada. Sea como fuere es digno de recordar la importancia que este pensador que pretendió europeizar España con la finalidad de españolizar Europa, que sufrió la desidia del comunismo y la injusticia del fascismo, que fue desterrado física e intelectualmente y que supo aglutinar a su alrededor pensadores de la talla de Zambrano, Gaos ó Zubiri y que constituyó la que podríamos calificar la primera, y quizás única escuela de pensamiento filosófico español como fue la Escuela de Madrid. Por todo ello, creo que es digno de recordar, aunque haya sido de un modo breve la obra y pensamiento de este autor.

Blogger dixit.

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