domingo, 6 de mayo de 2012

Foucault. El ser humano y la Historia en el S.XX.


En esta entrada, continuando con la anterior dedicada a Sartre, quiero entrar en el ámbito de la filosofía contemporánea y responder a la cuestión ¿Qué es el ser humano? Ya que esta es la que a mi juicio es la gran pregunta que aún debe responder la Filosofía. 

M. Foucault

Nos centraremos en el pensamiento del francés Michel Foucault, quien para muchos ha sido el gran pensador estructuralista del S.XX (pese a que él rechazaba que su pensamiento fuese catalogado dentro de este sistema de pensamiento. No obstante, y una vez que se lea esta entrada podrá entenderse porqué muchos ven a Foucault dentro del estructuralismo) y su obra Las palabras y las cosas. Por tanto, esta entrada no pretende hacer un estudio profundo de esta obra ni del pensamiento del autor sino más bien tratar de una forma resumida y sencilla las ideas que expone en esta obra el francés y que responden a la cuestión planteada sobre el ser humano. Así, no comentamos el papel que ha tenido su pensamiento en el ámbito de la psicología o en el educativo (tales cuestiones debemos de dejarlas para futuras entradas).
Comenzaremos la entrada contextualizando a la filosofía y su labor en la actualidad, seguiremos con la filosofía de este pensador y la idea que este ha tenido del hombre, la historia y el papel que ha jugado este en ella. -Espero que sea de vuestro interés-. 


En el S.XX ha imperado una actitud común en todos los filósofos. Nos referimos a la actitud crítica y reivindicativa que mantiene la filosofía. Es crítica con la sociedad que le toca vivir, crítica con la crisis existencial tan profunda que sufre el ser humano y crítica con una razón enajenada (la razón técnica) que pretende controlarnos quitándonos algo tan básico como es la gestión de nuestras vidas. La filosofía ya no es, ni pretende ser, un sistema de fundamentación trascendental basado en grandes valores eternos ni en magníficos conceptos como: Idea, Voluntad, Cogito o Dios. Nociones que, a lo largo de la historia, han constituido sus pilares y el rumbo a seguir en sus investigaciones. La tarea de la filosofía hoy se identifica más con un diagnóstico del presente que pretende conocer las creencias que aceptamos y los valores sobre los que nos movemos que explicar las causas últimas de la realidad (sin olvidar a los filósofos neoescolásticos como Gilson, Mersenne o Maritain, por ejemplo). Es aquí donde se hace importante estudiar y analizar detenidamente las aportaciones realizadas por el filósofo francés Michel Foucault.
Para este, las verdades y creencias dependen de la mentalidad de la época en la que son promulgadas. Para sostener su tesis realizará profundos estudios historiográficos sobre los textos originales escritos en las distintas épocas con el fin de conocer de primera mano la estructura de dicho momento. Por consiguiente, la Historia la concibe como una herramienta fundamental que nos permite entender la evolución del ser humano, siendo esta la verdadera misión de la filosofía.  

Foucault le da tanta importancia al papel de la historia a partir de las influencias que ejercerán en él la lectura de tres alemanes fundamentales: Hegel, Nietzsche y Heidegger (Gaston Bachelard o George Canguilhem  y la idea que estos tenían tanto de la ciencia como del método científico de investigación). Tras leer a Hegel entenderá la importancia que esta tiene para comprender y conocer al ser humano. No obstante, no aceptará la idea de que la historia tiene una coherencia interna y que el pasado está vivo en el presente y que este encierra las claves para conocer el futuro, al menos de una forma tan taxativa como la pensaba el alemán. De Heidegger tomará la idea de que el ser humano está constituidos por elementos más fundamentales que la razón, el Ser, y de Nietzsche la importancia de realizar estudios genealógicos para conocer la riqueza que encierran los términos que marcan nuestras creencias. 

Tras conocer las influencias que marcan su pensamiento podremos entender mejor por qué este autor se va a preguntar por cuestiones tales como: La Historia, la Verdad, la Razón y la Humanidad -uso las mayúsculas para resaltar el carácter absoluto que pretende alcanzar-. Lo hará, como hemos indicado, a partir de un estudio histórico denominado, por él mismo, arqueología del saber (entiende que su labor de investigación histórico-filosófica se asemeja a la de un arqueólogo que escarba la tierra, el presente, para desenterrar las ruinas olvidadas de una civilización perdida, el pasado. Es decir, se refiere a la acción de descubrir la estructura de conocimiento de una época determinada). El francés entiende que los elementos anteriormente mencionados son conceptos culturales y, como tales, dependerán de una época y circunstancias concretas. Son constructos culturales y, por tanto, serán cambiantes y contingentes. Es decir, lo que sea la verdad, la razón y el ser humano dependerá de la época en la que hagamos el estudio. Así, por ejemplo, no será lo mismo el ser humano en la antigua Grecia que en la España medieval, la Italia renacentista o la Francia ilustrada. Foucault, al mostrar cómo los conceptos dependen de la temporalidad lo que quiere hacer es liberar al presente mismo del pasado para darle autonomía y libertad de acción. 

Enlace perteneciente al programa de televisión "La aventura del pensamiento" presentado por el filósofo español Fernando Savater en el que nos descubre la figura de Michel Foucault.



La historia que él hace no es una historia de la ciencia, en estricto sentido positivo, ni una historia de la sociedad y de las instituciones sociales. Tampoco lo es de las diversas actitudes suscitadas por unos objetos o fenómenos naturales. Lo que hace es una génesis de las prácticas sociales y discursos que han dado origen a formas múltiples de subjetividad. Lo que pretende realizar es una historia de las mentalidades, a las que denomina ideologías (Este es un concepto fundamental en el pensamiento del francés. Entiende que la ideología es la ciencia de las ideas y el ser. Es el saber de todos los saberes. Fija en una época el tipo de conocimiento que tienen las personas, el lenguaje que utilizan y las leyes que los ordenan. Así, la ideología estructura la mentalidad de una época determinada dándole forma. A esta forma concreta Foucault la denomina episteme, que es similar a lo que Kuhn denominó paradigma dentro del ámbito de la filosofía de la ciencia), ya que estas son las que tienen las claves para entender a las distintas sociedades y a las actitudes de los hombres que las conforman. Se aleja de la postura que defiende la linealidad y homogeneidad histórica, perdiendo esta cada vez más su forma de relato (lo que le valió las críticas y suspicacias de Sartre y Lefebvre que lo tacharon de heterodoxo). Ya no podemos hablar de “tradición” ni “influencia” ni “evolución”. Para Foucault el tiempo no es lineal, reconoce muchos y variados ritmos y es esta asimetría, precisamente, la que permite al historiador reconocer los distintos momentos de ruptura y desplazamiento de un período a otro. Refiriéndose a ella dirá:

“La Historia no debe entenderse aquí como la compilación de las sucesiones de hecho, tal cual han podido ser constituidas; es el modo fundamental de ser de las empiricidades, aquello a partir de lo cual son afirmadas, puestas dispuestas y repartidas en el espacio del saber para conocimientos eventuales y ciencias posibles”
(Foucault. M. Las palabras y las cosas. Siglo XXI. Madrid, 2010, p. 215)

Cabe preguntarse ahora: ¿Si no podemos hablar de una única historia ni del concepto lineal del tiempo qué podremos decir entonces sobre esta y sobre el papel protagonista que ejerce el ser humano en ella al ser su mayor promotor artífice? 

La falta de cadencia global y destino único de la historia es suplida por Foucault con la incursión simultánea de distintos discursos que hablan sobre el ser humano desde diferentes parcelas del saber. Es decir, no hay un único relato histórico con un único sujeto, hay varios momentos históricos y los sujetos varían de unos a otros. El francés rompe con la que podríamos denominar “filosofía del sujeto” ya que no cree en la existencia de un sujeto trascendental que otorgue sentido a la existencia humana. Así rechaza posturas y tesis tan importantes y seguidas como: El Cogito de Descartes, el Yo de Fichte, el Dasein de Heidegger y el ego trascendental de Husserl ya que estos implican la existencia de un sujeto absoluto que habría que conocer, aceptar e identificar como origen de toda significación; lo que el ser humano sea en cada momento dependerá de lo que de él digan las distintas ciencias que lo estudien, los distintos métodos empleados y el lenguaje utilizado pero no se podrá hablar de un sujeto único y guía del curso histórico. Así, podremos afirmar que el ser humano no es ni una unidad cerrada y acabada ni que su ser gira en torno a la existencia teleológica de un concepto superior que forma su existencia, como los ejemplos anteriormente citados. El hombre y la humanidad son la suma de distintas partes. Son lo que de él diga el lenguaje, la cultura y la ciencia del momento. Podemos afirmar, junto con Foucault, que el ser humano no es fundamento y que es un espacio por construir. Es, por tanto, una forma histórica configurada a partir de las normas y costumbres sociales de la época que le ha tocado vivir. 

Foucault nos ha dado una metodología de investigación que consiste en fragmentar la historia en distintas épocas para conocer la realidad y la mentalidad de estas. Todo ello persiguiendo una idea fundamental que es: Si logramos entender las claves para poder conocer el pasado podremos entender el presente. Así, si conocemos cuál ha sido la imagen que ha tenido la humanidad de sí misma en cada momento podremos conocer cuál es la que tiene en la actualidad.

Este enlace es un vídeo con una entravista subtitulada al español realizada a Foucault en televisión. En ella expone varios puntos de su pensamiento. Material interesante ya que podemos escuchar de primera mano a este pensador. 

 
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